Comparativa Mash Five Hundred, Yamaha SR 400 y Royal Enfield Bullet 500 Electra

Comparativo de las tres neoclásicas más interesantes y asequibles del mercado.
Para más información aquí teneis el enlace: Revista Solo Moto

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Autor: Jordi Hernández

El comparativo de hoy tiene un sabor especial, tenemos la suerte de disfrutar de tres de las neoclásicas más interesantes y asequibles del momento en la cilindrada media. Son motos sencillas tecnológicamente hablando, muy bási­cas en equipamiento, pero aun así resultan muy prácticas y funcionales como motos de diario. Su mayor baza es, como podéis intuir, su estética retro, todas ellas gozan de un gran argumento en este sentido, ya que, de no ser así, pocos se sentirían atraídos por motocicletas que, aun poseyendo motores de ente 400 y 500 c.c., ni siquiera son capaces de alcanzar los 30 CV de potencia.

Pero lo retro está de moda, ya no sólo en el mundo de la moto, sino en la vida en general. Son muchos los que de­sean dar un toque de distinción a sus vidas y, para ello, bus­can en este tipo de motos ese toque personal y original que les permita diferenciarse del resto. Y es que con ninguna de las tres pasaremos desapercibidos entre el tráfico, sus bri­llantes cromados, agradables formas y fuerte personalidad les hace destacar entre el resto. Parece mentirá que a veces lo simple es capaz de atraer tantas miradas.

Clásicas de pro

Cada una de nuestras invitadas representa una de las formas que un fabricante tiene en la actualidad de participar en esta categoría. Por un lado tenemos la interesante Mash Five Hundred 400, con diferencia, la más económica de este comparativo y, a pesar de ello, una excelente opción gracias a su cuidado diseño y a un comportamiento que, como veréis más adelante, es del todo sorprendente.

Por otro, contamos con la presencia de la conocidísima Yamaha SR 400, una moto que, en su cilindrada de 250 c.c., marcó un hito en la España de los 90 por su fiabilidad y funcionalidad y que regresa a nuestro mercado, esta vez en versión de 400 c.c., como la diva indiscutible de la categoría y, por prestigio, como la referencia a seguir por el resto.

Por último, este comparativo lo cierra la preciosa Royal Enfield Bullet 500 Electra, una clásica de las auténticas, ya que apenas ha cambiado con los años, pero que aún sigue siendo capaz de transportarnos a otra época con su incon­fundible silueta y carácter.

Todas ellas poseen todos esos detalles que tanto gustan a este tipo de usuarios, elementos tan característicos como las llantas de radios, los fuelles que cubren las botellas de las horquillas, los espartanos faros redondos o sus incon­fundibles asientos totalmente planos y de una sola pieza. También saben jugar muy acertadamente con todo tipo de cromados estratégicamente situados para realzar sus siluetas, depósitos de lágrima que exhiben con orgullo sus anagramas o, en el caso de la Mash y la Enfield, los escapes tipo “peashooter” tan reconocibles en las Triumph Bonnevi­lle de los 60 y 70.

Sea como sea, lo que en otras motos podría suponer una crítica encarnizada y motivo de burla, en nuestras invitadas resulta incluso atractivo, nos atreveríamos a decir que casi imprescindible, pues gracias a ello se mantiene vivo el espí­ritu vintage de otras décadas.

No sólo estética

Pero nuestras invitadas no son sólo un cara bonita; aunque sencillas, pueden cumplir una labor muy útil en el día a día, y es que su simplicidad, que en principio podría tomarse como un inconveniente, les hace ser, como veremos a continuación, muy prácticas y económicas.

Para comenzar, todas son extremadamente fáciles de conducir, muy bajitas, por lo que cualquiera puede llegar fácilmente al suelo. Además, son también muy estrechas y su peso, que en ningún caso alcanza ni de lejos los 200 kilos, se domina sin problemas. Otra de sus ventajas es su posición de conducción. En general, son todas bastante pla­nas, asientos y depósitos se encuentran básicamente a la misma altura y, sus manillares, aunque en alturas diferentes que van desde la Bullet como el más bajo a la Five Hundred como el más alto, nos ayudan a mantener una postura muy natural y a no forzar en absoluto. De igual forma, todas nos obsequian con unos radios de giro cerradísimos, especial­mente en el caso de la Mash y la Yamaha, lo que nos viene de maravilla para sortear obstáculos y desplazarnos entre coches, sin duda, dos de las ventajas más apreciables de una moto en ciudad.

El tacto de sus motores, típicos de un monocilíndrico, también es muy práctico en este ambiente, y aunque sus prestaciones no son su fuerte, a revoluciones bajas y medias no se desenvuelven nada mal, por lo que, acele­rando desde parado o recuperando, se muestran fluidas y ágiles. En este aspecto, la Five Hundred y la SR 400 nos aportan un pequeño plus frente a la Bullet, cuya respuesta es un poco más parsimoniosa, ya que la configuración de su motor, de carrera bastante larga, casi nos permite contar las pistonadas sin necesidad de un cuentavueltas. La mayor alegría procede de la Mash, gracias a su culata multiválvulas.

Frente a sus rivales, la pequeña Yamaha tiene una particula­ridad un tanto incómoda, su puesta en marcha únicamente se puede realizar mediante pedal de arranque y, aunque los técnicos japoneses nos han querido facilitar esta opera­ción mediante la incorporación de un descompresor y un registro de distribución que nos avisa de cuando el pistón está en el punto óptimo, la operación es tediosa y cansina comparada con el motor de arranque de sus rivales.

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